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UN MUNDO INDIGNO

El diurno insomnio que abre camino al desaprecio de la verdad, es la aletargante amnesia que funde el hoy con el deseo y la falsedad del ser…
Esa desteñida virtud e inevitable pecado nos salvan de la muerte, del oscuro rincón de omnipresente apatía a la que se reduce el sendero del hombre.
Bajo la sombra voluntaria de banales indulgencias, la ceguera es la única y sincera traspuerta ante un mundo indigno que toda alma intenta abandonar.
Pues no es hasta al séptimo día que la inminencia nos arrincona ante la consciencia y elucida con voces familiares, y epifanías de vergüenza inobservable, nuestro desentendimiento e irreversible fin.

Con la finalidad del cese como posibilidad, ¿cuál es nuestra verdadera razón o intención?
Pudiendo descender hacia la dignidad hace tanto perdida, yacemos bajo el sol de la burla propia, como intentos involuntarios por ser el destino asignado, meras parodias de lo que suponemos o deberíamos ser.